Cuando tomamos dos agujas y un ovillo de lana para empezar un proyecto, pocas veces pensamos que estamos continuando una tradición con miles de años de historia.
El tejido no nació como un hobby ni como una actividad artística. Fue una herramienta de supervivencia. Mucho antes de existir las ciudades, las máquinas textiles o incluso la escritura, nuestros antepasados ya buscaban formas de protegerse del frío utilizando fibras naturales y pieles de animales.
Pero la historia del tejido es mucho más antigua y sorprendente de lo que imaginamos.
Antes del tejido existía otra técnica
Aunque solemos pensar que el tejido con dos agujas es una de las artes textiles más antiguas, en realidad tuvo un antecesor llamado nålbinding o "anillado con aguja".
Esta técnica consiste en trabajar el hilo utilizando una única aguja, similar a una aguja de coser grande, formando bucles que se entrelazan entre sí. A simple vista puede parecer tejido, pero su estructura es completamente diferente.
Los restos arqueológicos más antiguos de esta técnica fueron encontrados en la cueva de Nahal Hemar, en el actual Israel, y tienen alrededor de 8.000 a 10.000 años de antigüedad, convirtiéndose en uno de los testimonios textiles más antiguos conocidos por la humanidad.
Las primeras fibras no eran lana
Las primeras personas no tejían con ovillos como los conocemos hoy.
Utilizaban fibras vegetales, tendones de animales, cuero, lino e incluso cabello humano para fabricar redes, bolsas y prendas sencillas. La lana comenzó a utilizarse mucho después, cuando las ovejas fueron domesticadas y el ser humano aprendió a seleccionar animales con vellones cada vez más suaves y abundantes.
Con el tiempo aparecieron herramientas para hilar, permitiendo transformar las fibras en hilos largos y resistentes.
Fue un avance enorme: ya no era necesario depender únicamente de pieles de animales para fabricar ropa.
