¿Cuándo nació el tejido con dos agujas?

El tejido moderno, tal como lo conocemos hoy, apareció muchos siglos después.

Los ejemplos más antiguos conservados corresponden a calcetines de algodón hallados en Egipto, fechados alrededor del siglo XI. Lo más llamativo es que presentan tal nivel de complejidad, con cambios de color, disminuciones y talones perfectamente construidos, que los especialistas creen que la técnica llevaba varios siglos desarrollándose antes de esos ejemplares.

Es decir, cuando aparecen los primeros tejidos conservados, el tejido ya era una técnica muy sofisticada.

Del Medio Oriente al resto del mundo

La mayoría de los historiadores coincide en que el tejido se desarrolló en el Medio Oriente y desde allí comenzó a expandirse gracias a las rutas comerciales hacia Europa, Asia y el norte de África.

Durante la Edad Media empezó a convertirse en un oficio muy valorado.

En ciudades europeas surgieron los primeros gremios de tejedores, donde solo quienes demostraban una gran habilidad podían ejercer profesionalmente el oficio. De hecho, durante varios siglos fueron principalmente los hombres quienes tejían de manera profesional.

La lana cambió la historia

La domesticación de las ovejas permitió obtener fibras más finas, resistentes y fáciles de hilar.

Con el paso de los siglos aparecieron diferentes tipos de lana que hoy siguen siendo protagonistas en el mundo del tejido:

  • Lana Merino.
  • Mohair.
  • Alpaca.
  • Cashmere.
  • Mezclas con fibras vegetales como algodón o lino.

Cada una ofrece características distintas de suavidad, abrigo, elasticidad y textura, permitiendo crear prendas para todas las estaciones.

El tejido hoy

Lo que comenzó como una necesidad para sobrevivir terminó convirtiéndose en una de las expresiones textiles más importantes de la historia.

Hoy millones de personas tejen en todo el mundo, no solo para crear prendas únicas, sino también por el bienestar que genera. Diversos estudios muestran que actividades repetitivas y creativas como tejer pueden favorecer la concentración, reducir el estrés y generar una sensación de calma.

 

Cada bufanda, sweater o manta comienza exactamente igual que hace cientos de años: con un hilo, unas agujas y la imaginación de quien crea.